Destinos

Laguna de Guatavita

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En el año de 1534 llegó al puerto de Sevilla – España un barco cargado de oro que generó asombro en toda Europa: se trataba del traslado de un gran botín de guerra – cerca de 10 toneladas de oro y 70 toneladas de plata – que el conquistador Francisco Pizarro había saqueado y en parte extorsionado a la población del Perú como precio por el rescate de su soberano, el Inca Atahualpa (que seguidamente fue asesinado por los españoles). El cargamento consistía en pesados lingotes de oro y de plata., ya que todas las joyas y objetos pertenecientes al tesoro real de los Incas habían sido fundidos en calderas construidas en el Nuevo Mundo para facilitar el transporte, destruyendo así, un patrimonio cultural y artístico de valor inestimable. La vista de tal riqueza que provenía de las tierras apenas conquistadas alimentó la leyenda que más allá del Océano debía encontrarse El Dorado, una región donde el oro corría por los ríos, todavía toda de explorar.

La leyenda sobre la abundancia de oro contenía de todas formas un fondo de verdad, sí creemos a las narraciones de algunos antiguos cronistas, que habían sido informados por los indígenas de una ceremonia asombrosa realizada por la población Muisca en Colombia: una vez al año el soberano de Guatavita se hacía esparcir el cuerpo de polvo de oro para transformarse en El Dorado, un hombre todo de oro, el cual se dirigía junto a su corte sobre un lago vecino a Santafé de Bogotá  (la actual capital de Colombia), y aquí, navegando sobre una balsa llena de dones preciosos, ofrecía su tesoro a los Dioses. Por siglos los exploradores han seguido el rastro de El Dorado, atravesando, a costo de sus vidas, las selvas occidentales a lo largo del Rio Amazonas. El lugar no fue nunca encontrado, pero igualmente el botín fue rico de objetos, esculturas y joyas, todo prontamente fundido en las calderas. Solamente a finales del siglo pasado se viene a conocer la preciosidad de la orfebrería precolombina y en 1892, a 400 años del descubrimiento de América, vienen expuestos por primera vez en Europa los tesoros que se habían salvado de la fundición.

Se trataba en su mayor parte de objetos en posesión de la Corona española, entre los cuales resaltaban el tesoro de Quimbaya, encontrado en las necrópolis reales de Colombia, y joyas pertenecientes a la cultura pre-incaica como aquella de los Muiscas (600 – 1536 d.C.), que eran maestros en la elaboración de láminas de oro increíblemente sutiles forjadas en figuras antropomorfas y zoomorfas; o aquella de los Sinú (500 – 1500 d.C.), que fabricaban maravillosos pendientes en filigrana y bastones que representaban los animales de la fauna local como ciervos y cocodrilos; del tesoro también hacían parte collares de la cultura tairona (1200 – 1536 d.C.) que representaban figuras mitológicas de aspecto barroco y estatuas finamente talladas (el mismo nombre Tairona significa “Maestros Orfebres”); máscaras funerarias de oro de la región de Calima (1000 – 300 a.C.), una de las más antiguas culturas de la Colombia pre-incaica. Pero, a la época de la conquista, cuando, entre el 1524 y el 1536, Francisco Pizarro y sus compañeros se aventuraron por la Cordillera de los Andes, ninguno estaba en la capacidad de ver la belleza del arte o la milenaria historia de las poblaciones que se estaban preparando para aniquilar, ciegos por la codicia y con la sed de poder.

Superficie Total
5 km²

Población
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Temperatura promedio
9° C

Destino ideal para
Parejas, Familias

m.s.n.m. 
3.000